jueves, 25 de julio de 2013

¿Cómo meditar correctamente?



¿Cómo meditar correctamente?
Todo el mundo habla habitualemente de la meditación, ¿pero sabemos qué significa realmente?
Si buscamos en el diccionario, vemos que meditar simplemente significa poner la atención en algo.
Pero cuando hablamos de la meditación refiriéndonos al estado natural del ser, tenemos que profundizar más, de forma que podamos entenderlo de forma íntegra.

El sentido real de la meditación es ver las cosas tal y como son, sin los filtros del pensamiento.
El pensamiento actúa condicionando nuestra manera de ver la realidad, subjetivándola.



Cuando vemos las cosas sin la interferencia del pensamiento, entonces nos hacemos conscientes de que todo lo que vemos es una sola cosa. Porque aquello que crea la ilusión de separación es el pensamiento.
Cuando le ponemos un nombre a algo, no estamos haciendo referencia al Todo con el cual está relacionado ese algo.

Nada está exento de la influencia del Todo y por tanto nada puede constituirse como un fenómeno independiente.
Entonces: ¿cómo meditar correctamente?
La meditación tiene que producirse espontáneamente, como un acto natural que surge a raíz del entendimiento de la realidad que nos rodea.
Si tratamos de que la meditación surja como resultado de una búsqueda, entonces no dejamos lugar a que esta se produzca. Porque el hecho de pensar en la consecución de un objetivo, está sostenido por un pensamiento que nos dirige hacia sí mismo, lo cual no deja de ser solo una idea.

Para que haya meditación y por tanto no haya ningún pensamiento que se interponga en nuestra visión de las cosas tal y como son, seamos conscientes simplemente de la información que llega a nosotros a través de los sentidos, externos e internos.
Soltemos todo pensamiento, de forma pasiva, sin tratar de conseguirlo y dejemos que sea nuestro cuerpo el que nos guíe, como consecuencia natural de la existencia.
Sentiremos el aire acariciar nuestra piel; notaremos la presión de nuestro cuerpo apoyado sobre el suelo; escucharemos el sonido un pájaro cantando, etc.
Todo eso es la meditación, atención a Todo, de forma natural, sin dirigirla a nada concreto.
En este estado de completa atención a la realidad, nuestro cerebro, al contrario de lo que sucede en las prácticas de concentración separativa, funciona en todo su esplendor.

Pero ante este proceso nos topamos con una inquietante realidad: el egísmo, la ilusión de separación, lo cual es el origen del pensamiento.
El egoísmo nace de la ilusión del Yo, que se identifica con determinados conceptos aparentemente separados, que asume como la realidad.
Se crea entonces una ilusión de necesidad de ese concepto que hemos creado. La búsqueda del logro de ese placer se convierte entonces en la prioridad absoluta, lo cual no deja lugar a la ausencia de pensamiento.
Debido a este hecho, para la mayoría de personas se convierte en una labor imposible la verdadera meditación.

La única forma de alcanzar el verdadero estado meditativo, es hacerse consciente del proceso que crea el pensamiento como búsqueda constante, observádolo íntegramente, para que de esa forma, naturalemente desaparezcan de nuestra mente todas las estructuras de ilusión y podamos ver la realidad tal y como es, sin propósito y como un Todo. Entonces comprendemos la realidad y su belleza.

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